La revolución de las ciudades

 

 
Desde un punto de vista económico y medioambiental, los sistemas de transporte de las ciudades actuales, son insostenibles de aquí a unos años. No se trata de la adopción masiva de coches eléctricos o de biocombustibles. 
 
El imparable crecimiento de la población en las ciudades hace necesario un cambio total de mentalidad, de cómo concebimos las ciudades, que permita acabar con los problemas de salud derivados de la contaminación, olvidar los atascos y los problemas de aparcamiento. Y ya se están estudiando varias soluciones que podrían dar paso a un nuevo concepto de urbe. 
Por ello, se están definiendo diferentes áreas de actuación dentro de la ciudad para mejorar la movilidad, como la mejora del transporte público, una más adecuada gestión del tráfico, nuevas formas de uso del vehículo (pago por uso en lugar de en propiedad), restricciones al acceso y estrategias integradas de tarificación, o movilidad bajo demanda.
 
La solución más conocida y cada vez más aceptada por la sociedad, es el vehículo eléctrico, aunque su tecnología aún se encuentra en fase de desarrollo. No obstante, los gobiernos y la industria están emprendiendo iniciativas para desarrollar este mercado. Algunos estudios indican que hacia 2020 se comprarán 14 millones de coches eléctricos. 
 
Las empresas proveedoras de energía han confirmado que durante la próxima década no necesitarán realizar inversiones significativas para cubrir la demanda. Pero la principal  barrera a la que se enfrenta esta industria es el alto precio de los  coches eléctricos. Sin embargo, a medio y largo plazo su coste resulta inferior al de combustión, incluso sin tener en cuenta las subvenciones de que se beneficia el usuario en la actualidad. La razón reside en el  precio del mantenimiento y de la energía, mucho más asequible para los coches eléctricos. Además, se espera que a medida que avance la tecnología, esta diferencia sea aún mayor.
 
Por otro lado, también se estudian iniciativas que significan un cambio de paradigma: Se pasa de tener un coche a usar uno. Éstos podrían ser utilizados por trayecto y por distintos usuarios. Sistemas con GPS pueden calcular rutas que saquen el máximo provecho a cada recorrido. 
 
Para llegar a ese futuro todavía quedan asuntos por resolver, como la estandarización de los sistemas de carga o la duración de las baterías. Pero los primeros pasos ya están dados y es cuestión de muy poco tiempo que esta revolución sea una realidad en nuestras ciudades.
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