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La UE ya piensa en regular a los robots

01/08/2017 09:52
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El Parlamento Europeo ha sido la primera gran institución internacional que pide regular los robots. Responsabilidad legal de las máquinas, impuestos especiales, la ética de la robótica… El debate tiene implicaciones de todo tipo.

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La incorporación de los robots a la sociedad plantea una situación jurídica incierta. Las máquinas han llegado para quedarse - hoy en día, por ejemplo, hay en Alemania 301 por cada 10.000 trabajadores -, y ante esta situación la Unión Europea insta a buscar posibles regulaciones para el sector.

La UE ya piensa en regular a los robots

El Parlamento Europeo aprobó en febrero de 2017 una resolución para que la Comisión Europea empiece a estudiar posibles leyes para la robótica. Los parlamentarios han planteado la posibilidad de crear un estatus jurídico específico de “persona electrónica” con derechos y obligaciones. Asimismo, se ha propuesto que los robots sean equipados con un “botón de la muerte” que permita desconectarlos si amenazan la vida de un ser humano.

La resolución plantea la dificultad de definir qué es un robot. Originalmente, el término, acuñado por el escritor Karel Capek en su obra Robots Universales Rossum, proviene de términos eslavos para designar al trabajo y al esclavo. En el texto del Parlamento se solicita a la Comisión que proponga definiciones europeas comunes de sistema ciber-físico, de sistema autónomo y de robot autónomo inteligente, junto a sus distintas subcategorías, tomando en consideración una serie de características de un robot inteligente. Entre ellas se encuentran: máquinas físicas equipadas con sensores e interconectadas y capaces de recolectar y/o intercambiar datos y de adaptar su comportamiento a su entorno.

“El informe aprobado habla de la relación de la robótica con la sociedad y no de la tecnología en sí, pero en líneas generales es positivo que el Parlamento Europeo se plantee estas cuestiones”, señala Carlos Balaguer, catedrático de Robótica de la Universidad Carlos III y miembro de la Junta Directiva de EuRobotics.

Hoy por hoy, la UE carece de leyes que regulen la interacción social entre seres humanos y autómatas. Con la resolución, los eurodiputados dejan clara su preocupación porque la industria de la Inteligencia Artificial (IA) se acoja a algún tipo de marco normativo. El Parlamento Europeo es la primera institución en el mundo que pide una regulación estandarizada sobre robots.

La resolución establece como principios el asegurar la seguridad y la salud humana; la libertad, la intimidad, la integridad y la dignidad; la autodeterminación y la no discriminación, y la protección de los datos personales. También establece la necesidad de seguir directrices éticas que reflejen la complejidad del ámbito de la robótica y sus numerosas implicaciones sociales, médicas y bioéticas.

El texto asegura que la humanidad se encuentra a las puertas de una nueva revolución industrial que probablemente va a afectar a todos los estratos de la sociedad. Ante las circunstancias, la medida, de carácter no vinculante, insta a la UE a sentar las bases de una legislación sobre la IA.

“Aunque los robots sean dispositivos más avanzados siguen siendo electrodomésticos. Vale la pena remarcar que faltan muchas décadas para que lleguen a tener sentimientos o almas, por lo que no tiene mucho sentido hablar de ética y dotarlos de una personalidad electrónica”, señala Carlos Balaguer.

La resolución del Parlamento Europeo propone estudiar medidas sobre la responsabilidad de estas máquinas, dado que en el actual marco jurídico europeo los robots no pueden ser considerados como responsables de los actos u omisiones que causan daños a terceros. La legislación comunitaria sólo cubre la responsabilidad por productos defectuosos o mal funcionamiento, que recae en el fabricante del producto.

Se contempla también un seguro obligatorio para los robots y un fondo de compensación ante su ausencia. Asimismo, se plantea crear un registro de robots avanzados a escala de toda la UE, una agencia europea para la IA y una Carta sobre la Robótica para sentar las bases para la identificación, supervisión y cumplimiento de los principios éticos desde la fase de diseño y desarrollo.

Adicionalmente, se recomienda que los investigadores de la robótica se comprometan a seguir una conducta deontológica basada en los principios de beneficencia, de no perjuicio o maleficencia, autonomía y justicia. En definitiva, se presenta como una guía para afrontar el futuro incierto y las crecientes preocupaciones de la ciudadanía sobre la IA.

“El temor de la sociedad puede explicarse en parte por lo que nos transmite la ciencia ficción de máquinas que se rebelan contra los humanos”, apunta Miguel A. Salichs, catedrático de Ingeniería de Sistemas y Automatización de la Universidad Carlos III. “Pero la tecnología disponible está muy lejos de posibilitar esa visión”, asegura.

Robots en el mercado laboral

La regulación de los robots genera incertidumbre sobre si en un futuro pagarán o no impuestos como trabajadores ordinarios.

De momento, en la resolución aprobada la UE rechazó la propuesta de imponer impuestos a los dueños de robots. La decisión fue ampliamente aceptada en la comunidad robótica como un paso hacia el avance de la innovación. No obstante, no queda claro si los robots quedarán exentos de pagar impuestos en un futuro.

Diversas voces se han alzado ya respecto al tema, entre ellos Bill Gates, el fundador de Microsoft y Benoît Hamon, el candidato del Partido Socialista francés a la presidencia de la República. En una entrevista para Quartz, Gates aseguró que los gobiernos deberían cobrar impuestos a las empresas que reemplacen a seres humanos por robots para puestos de trabajo. El fundador de Microsoft considera que el dinero recaudado debe destinarse a financiar a aquellos trabajadores en áreas que involucran el trato con personas, como cuidado de ancianos y de niños. Por otro lado, Hamon propone un impuesto para financiar un salario mínimo para todos.

“Lo más sensato sería implementar algún tipo de renta básica universal”, defiende Carlos Balaguer. “Al ser máquinas muy productivas que desplazan a operarios humanos y que a su vez generan mucha riqueza, se puede hacer un esfuerzo por redistribuir esa riqueza en la forma de salarios básicos”, apunta.

Sin duda, la dimensión fiscal es un tema controvertido teniendo en cuenta que casi el 50% de las tareas remuneradas podrían ser reemplazadas por robots. Un informe de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico indica que los robots amenazan al 9 % de puestos de trabajo de las economías altamente desarrolladas, y un 12% de puestos en la española.

Los robots beneficiosos para la sociedad

A raíz de la controversia, se han planteado las posibles ventajas de la inserción de los robots en la sociedad.

“La robótica puede mejorar nuestra calidad de vida y hacérnosla más sencilla al liberarnos de tareas que pueden ser repetitivas, tediosas y que no nos realicen personalmente”, afirma el catedrático Miguel A. Salichs.

Mike Fekety, especialista en Big Data, señala en este artículo que los robots pueden resultar particularmente beneficiosos en industrias como la espacial. Al ser máquinas pueden configurarse para adaptarse a condiciones ambientales hostiles a las que una persona no podría sobrevivir. Fekety asegura que podrían utilizarse para ir más allá de los límites del hombre.

Asimismo, las máquinas inteligentes podrían llevar a cabo trabajos arduos y peligrosos evitando así desgaste y pérdidas de vidas humanas. Pero esto no es todo. Delitos económicos como la apropiación indebida, el soborno, la corrupción y el blanqueo de capitales pueden ser detectados a través del análisis masivo de datos por robots, según un informe de Deloitte sobre IA.

“Al analizar las revoluciones industriales en retrospectiva se ve que estas han traído consigo generación de riqueza, una mayor oferta de productos y una mejora generalizada en la calidad de vida de los ciudadanos, pero sí hace falta una regulación estricta para la revolución industrial que ahora vivimos”, concluye Carlos Balaguer.