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La industria del motor acelera su digitalización para evitar que le adelanten

01/06/2017 09:52
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La industria del automóvil ya no se resiste al cambio: sabe que los coches sin conductor empiezan a ser una realidad cercana. La tecnología que conducirá por nosotros ya está cambiando para siempre el sector.

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El pasado 22 de mayo, Ford, la empresa que con su Ford T popularizó hace más de un siglo la producción automovilística en cadena, anunció el relevo de su consejero delegado. El presidente ejecutivo, Bill Ford, sustituía a Mark Fields por Jim Hackett, que comenzó su carrera ejecutiva en una empresa de muebles, y solo llevaba cuatro años en la multinacional.

Puede que su nombramiento resultase llamativo, pero se entiende mejor teniendo en cuenta que hacía hasta entonces Hackett en Ford -era el máximo dirigente de la división Smart Mobility, la más tecnológica del grupo- y qué busca exactamente con su nombramiento la empresa. El objetivo, según Ford, es modernizar el grupo “aprovechando el big data, la inteligencia artificial, la robótica avanzada y la impresión 3D”, entre otros avances.

El nombramiento de Hackett es una señal muy clara de hacia dónde va la industria, afirmaba en el reciente Digital Business World Congress, DES 2017, Francisco Domínguez, responsable de la división de coches eléctricos de BMW en España.

Nuestra relación con el coche explicó Domínguez, va a pasar por cuatro fases, expresadas muy gráficamente en inglés: ‘feet-off, hands-off, eyes-off, brain-off’. Es decir, primero los conductores podrán dejar de utilizar los pies, luego las manos, en una tercera fase no será necesario ni mirar y, finalmente, no hará falta mostrar ningún tipo de atención, podrán ‘apagar’ el cerebro. Dicho de otra forma, los conductores son una especie en extinción, o al menos se van a metamorfosear en meros pasajeros.

Los más escépticos pensarán que eso es todavía ciencia-ficción, y que queda mucho para que deje de serlo. Lo cierto es que la circulación de vehículos autónomos en pruebas empieza a ser parte del paisaje en Silicon Valley, donde Tesla, Google y Uber están apostando fuerte por esa nueva movilidad. Y Domínguez reiteró en su intervención que BMW comercializará su primer vehículo no tripulado en 2021 -”no hay vuelta atrás”-, mientras que Mercedes planea hacerlo dentro de tres años.

Los coches sin conductor supondrán el mayor cambio de la industria automovilística en su centenaria historia; consecuentemente, protagonizaron un panel específico en el DES. “Las murallas del sector se están desmoronando y la fabricación del coche en sí se ha convertido en una commodity”, decía en una de las charlas Joaquín Roca, de la consultora Be Republic, especializada en ebusiness y marketing digital. “El coche se va a convertir en una plataforma, en una especie de smartphone con ruedas, y eso va a provocar que se diseñen con criterios propios de la industria del entretenimiento”.

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Pero la revolución va más allá del diseño y la fabricación de los automóviles. El auge del vehículo compartido ya es una realidad aceptada por las marcas, que son conscientes de que los consumidores de los mercados maduros, especialmente en las ciudades, empiezan a considerar innecesario tener un coche en propiedad.

“Vamos a perder un 5% de nuestros clientes, pero afortunadamente tenemos nuevas opciones de negocio”, como el vehículo compartido, afirmaba Estela González, de Seat. “Sabemos que muchos de nuestros clientes no se van a comprar más coches, en parte porque ha perdido algunos atributos clave que tenía, como el estatus y la libertad, que ya no se asocian necesariamente a un vehículo”, reconoció.

El cambio también implica, y mucho, a los reguladores -”los aspectos legales van a ser un freno en la implantación del coche autónomo”, pronosticó Roca-, y a los gestores de infraestructuras. Rafael Fando, director del Centro de Innovación de Infraestructuras Inteligentes de Ferrovial, afirmó que la adecuación de las vías a esta nueva conducción automatizada es “la gran olvidada del debate”, a pesar de que “deben suministrar en tiempo real información a los vehículos no tripulados”, cubriendo posibles fallos y carencias, “y ayudando en maniobras complicadas, como por ejemplo la incorporación a una autopista”

Regulación, infraestructuras, los propios fabricantes de automóviles… La tecnología ha acelerado y todos tratan de no perder comba. “La industria del motor estaba muy acomodada, pero ahora tiene que hacer algo porque si no la adelantan. Se avecinan muchos cambios que estaban esquivando”, afirmó Agustín Payá, ingeniero, emprendedor y experto en coches eléctricos. La tecnología hará que dejemos de conjugar el verbo conducir en primera persona, y eso será solo el principio.

 

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