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¿La universidad de elite 2.0 o simplemente otro Pets.com?

El Proyecto Minerva pretende crear una universidad de elite en línea. Pero puede ser el síntoma de una burbuja de capital riesgo en el mundo de la educación en línea.

POR LEE GOMES | TRADUCIDO POR LÍA MOYA (OPINNO)

Harvard, la universidad más prestigiosa de Estados Unidos según numerosos indicadores, lleva casi 400 años ganándose su fama. Ben Nelson, fundador de una start-up educativa llamada Proyecto Minerva, afirma que puede hacerlo igual de bien en solo tres años.

Dentro de la reciente cosecha de start-ups educativas en línea, Minerva es una de las menos publicitadas, pero es de las mejor financiadas y de las más audaces. Con 25 millones de dólares (unos 19 millones de euros) puestos por Benchmark Capital –una de las inversiones más grandes hecha por la conocida firma de capital riesgo-, Minerva afirma que empezará a admitir solicitudes en 2015 para un programa universitario basado exclusivamente en la web. Promete que el título de licenciatura logrado de esta forma tendrá el mismo prestigio que cualquiera de los ofrecidos por las universidades de élite estadounidenses, pero costará la mitad.

Habrá muchos que crean que la idea de Minerva, como un Harvard en línea instantáneo, es el sueño febril de alguien que ha asistido a demasiadas conferencias TED. Pero las ideas de esta empresa con ánimo de lucro sobre cómo internet cambiará la educación se repiten, en distinto grado, en la mayoría de las numerosas start-ups que están recibiendo capital riesgo para proporcionar enseñanza en línea.

y las cifras compiten con las que se vieron por última vez en el boom de las punto com. Representativo de este grupo es Coursera –creada por dos informáticos de la Universidad de Stanford (EEUU)-, que ofrece una lista cada vez más larga de clases gratuitas en línea. A pesar de que Coursera no tiene planes claros sobre cómo piensa obtener ingresos, un inversor involucrado en su tramo inicial de financiación (por 16 millones de dólares, unos 12 millones de euros), afirmó que otros inversores de capital riesgo habían rogado por teléfono y correo electrónico que les dejaran entrar en el negocio, sin reparar en el coste. Este tipo de entusiasmo suele indicar una burbuja de inversión tecnológica.

Algunas de las nuevas start-ups ofrecen gratuitamente “cursos en línea masivos en abierto” (MOOCs, por sus siglas en inglés), que sirven para conseguir no solo un diploma universitario tradicional, sino también “certificaciones” en campos especializados como la programación informática. Sin embargo, Minerva es una especie pedagógica completamente distinta. La empresa, con sede en San Francisco (EE.UU.), tiene como objetivo una educación universitaria básica gracias a la cual se consigue una licenciatura tradicional, pero haciendo todo a través de la web y con toda la distinción social de las más lujosas universidades del país.

¿Revolución educativa?

Esta última afirmación es la que despierta más dudas, sobre todo porque su fundador, Nelson, de 36 años, no tiene experiencia en educación. Su anterior empresa fue Snapfish, un sitio para compartir fotos que compró Hewlett-Packard en 2005. Pero Nelson no solo ha conseguido una gran cantidad de financiación por parte de Benchmark –la misma empresa de capital riesgo que respaldó empresas como eBay, Yelp y Mint- sino que ha convencido a una lista de celebridades de primer orden, entre ellas el antiguo presidente de Harvard, Larry Summers, para que formen parte de su comité asesor.

Es indudable que han respondido a la vigorosa personalidad de Nelson, que pudimos observar de primera mano en una entrevista reciente en una cafetería de San Francisco. (Minerva no solo carece de un vetusto edificio de administración cubierto de hiedra, ni siquiera tiene una oficina permanente).

El objetivo de Nelson no es otro que reconfigurar la educación superior, en parte a través de la tecnología, pero también repensando la experiencia universitaria. Como ejemplo, los estudiantes de primer año no harán las tradicionales asignaturas introductorias, sino que se les enseñará a pensar. Las asignaturas incluirán temas como el análisis de sistemas complejos y la “comunicaciones multimodal”, siendo esta última, según Nelson, una puesta al día para el siglo XXI del antiguo arte de la retórica.

Después de ese primer año, los estudiantes irán especializándose, de forma parecida a cómo lo hacen en una universidad de humanidades tradicional, con algunas diferencias. Para empezar, Minerva no ofrecerá nada que se parezca a una conferencia o clase introductoria; si los estudiantes quieren conocer la historia de la filosofía, tendrán que aprenderla por su cuenta, quizá siguiendo una de las clases de Coursera.

Todo lo que haga Minerva, afirma Nelson, estará en la línea de los seminarios especializados a los que asisten ahora los estudiantes de último curso o los doctorandos de las universidades tradicionales. Así pues, aunque no habrá Introducción a la Economía como asignatura, explica Nelson, puede haber un seminario sobre “Política Monetaria Avanzada”.

Todo en línea, por supuesto. Las 'clases' serán parecidas a sesiones de chat en grupo, con una cámara apuntando al profesor y a cada alumno. Los estudiantes podrán estar en cualquier lugar del mundo que quieran. Aunque entre los planes de Minerva está tener colegios mayores en algunas grandes ciudades, no será obligatorio residir en ellos.

¿De cuánto dinero hablamos?

Inversión privada anual en empresas educativas
Inversión privada anual en empresas educativas, en millones de dólares. Fuente: GSV Advisors

Nelson predice que Minerva acabará teniendo unos 10.000 estudiantes de licenciatura –la misma cantidad de estudiantes que tiene la universidad en la que él estudió, la de Pennsylvania (EEUU)- que pagarán unos 25.000 dólares anuales por la enseñanza (unos 19.000 euros). No es del todo imposible. La Universidad de Phoenix (EEUU), una organización con ánimo de lucro que funciona principalmente en línea, obtiene más de 4.000 millones de dólares al año (unos 3.000 millones de euros) en ingresos procedentes de unos 325.000 estudiantes (es decir, unos 12.000 dólares, o 9.500 euros, de cada uno). También es cierto que Phoenix no tiene una reputación ni remotamente parecida a la de Harvard, de hecho se la ha acusado de ser una fábrica de diplomas.

Minerva planea algo mejor. Nelson afirma que las clases estarán diseñadas por profesores de primera categoría de otras universidades, que actuarán como consultores. Pero una vez que el plan de clases esté sobre el papel, serán impartidas a los estudiantes por profesores recién doctorados; Nelson afirma que es tan difícil encontrar trabajo como académico, que no tendrá problemas para atraer docentes.

Una fe inquebrantable en el poder de la tecnología es fundamental para la visión de Nelson. La empresa está desarrollando un software especial que será clave para guiar a los miembros del claustro a la hora de trabajar con los estudiantes. “Se puede evaluar no solo qué tal van los estudiantes en una materia, sino también cómo avanzan sus habilidades. Y después trasladar los datos al profesor en tiempo real”, afirma Nelson. Explica que el sistema, que aún está construyéndose, podrá decir: “Mira, Suzy es excepcional haciendo análisis de datos mal estructurados, pero tiene verdaderos problemas con el análisis de sistemas complejos. Si estás explorando sistemas complejos, avisa a Suzy”.

Dentro del mundo de la educación en línea, muchos citan la posibilidad de disponer de una información informatizada perfectamente calibrada sobre los estudiantes. Pero otros creen que esas expectativas superan ampliamente lo que puede hacer el software en la actualidad. Alix Guerrier, cofundador de LearnZillion, que proporciona sistemas en línea para colegios de primaria, afirma que aún quedan muchos años para tener un ordenador capaz de personalizar el aprendizaje de forma individual, “aunque la gente hable de ello como si estuviera a la vuelta de la esquina”.

La parte del argumento de venta de Nelson que más dudas suscita es su creencia de que Minerva puede ser tan prestigiosa como las mejores universidades del país. Él dice que estará encantado de enviar a su hija, que ahora es una niña, a Minerva cuando cumpla los 18 años. Y rechaza la idea de que una institución necesite del paso del tiempo para lograr un estatus social. “Fíjate en los mejores institutos”, afirma. “Son todos los nuevos”.

Es posible que el emprendimiento de Nelson se acabe recordando como el Pets.com de la burbuja de la educación en línea; mal concebido y sobrefinanciado. Pero él se toma completamente en serio crear una experiencia académica que no solo iguale lo mejor que hay en el país, sino que lo mejore. “Si no conseguimos mejorar el nivel de la educación habremos fracasado”, sostiene.

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