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Las luces y sombras de Google Glass

27/02/2014 04:20
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Para que el dispositivo se masifique, la compañía tiene que convencer a la gente de que no se inmiscuye en la vida de los demás.
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Por Simson Garfinkel

Google Glass comparte gran parte de su electrónica y su software con un smartphone, pero se trada de una máquina muy distinta.


El smartphone lo llevas en la mano. Lo hacemos todos, en restaurantes, cines, cruzando la calle, incluso en la cama. Usamos smartphones para leer nuestro correo, actualizar Facebook, conseguir la dirección de un sitio, buscar en internet para resolver apuestas y a veces incluso para hacer llamadas. Pero Glass se lleva en la cara, y eso transforma radicalmente todas estas interacciones humano-ordenador, haciéndolas más íntimas. Como no usas las manos, y porque proyecta una imagen en una pantalla transparente suspendida delante de tu ojo, además de usar una vibración para estimular tu oído interno; usar Glass es como estar desnudo con la máquina: sinapsis y cables unidos.


Glass es un ordenador que se lleva en la cabeza y que tiene una cámara y un micrófono. Ve lo que tú ves, oye lo que tú oyes. Pero Glass no está hecho para escribir "diarios vitales", al contrario que cámaras como la Narrative Clip, no se pretende que documente tu día a día. La batería no dura lo suficiente y no hay software para organizar la información. Glass es un dispositivo inteligente siempre listo que responde a tus preguntas, te avisa de la llegada de mensajes y te da direcciones mientras conduces. La pantalla transparente está justo al lado de tu línea de visión directa. Cuando quieres consultarla, se parece a una pantalla de smartphone a una distancia de unos 20 centímetros de la cara. Pero cuando estás haciendo otra cosa, Glass es fácil de ignorar.


El reto al que se enfrenta Google para conseguir que el dispositivo sea un producto de electrónica de consumo de éxito, será convencer a la gente que te rodea de que también deben ingnorarlo. Pero para los demás, es difícil ignorar a Glass. No está claro si es porque es tan nuevo, o porque hay algo inrínsecamente intrusivo en este tipo de dispositivo. Cuando otras personas me miran cuando llevo Glass puesto, lo primero que ven es una varilla de plástico sobre mi ojo derecho con una cámara que les apunta directamente. ¿Les estarás grabando? Hay un pequeño prisma traslúcido, el cristal (glass en inglés), en el que se ve un rectángulo diminuto iluminado que nadie más puede leer. ¿Estaré prestándoles atención a ellos o al dispositivo? ¿Qué me susurra? Ellos no lo oyen.


Cuando me coloco una cámara convencional delante de la cara y aprieto un botón, la gente que me rodea da por supuesto que estoy sacando una foto. Con Glass puedo sacar una foto con un guiño. Si aprieto el botón del touch pad colocado en el lateral del dispositivo, Glass empieza a grabar un vídeo y no para hasta que lo detenga, hasta que se quede sin espacio de almacenaje o se le acabe la batería.


Glass es una maravilla de la integración y la miniaturización, aunque en la mano las gafas no parecen tan impresionantes. La cámara registra imágenes de cinco megapíxeles (2528x1856) y vídeo en alta definición (720p). Tiene un procesador de doble núcleo OMAP4430. Toda esta tecnología podría parecer de 2011. Pero el procesador más lento y antiguo, combinado con la pantalla de baja potencia permite a Glass dar de cinco a ocho horas de uso intermitente con una batería más pequeña. El resultado es que Glass sólo pesa 42 gramos y, dado que la montura de titanio reparte ese peso por todo mi cráneo, el "peso en nariz" es parecido al de mis gafas ultraligeras sin montura que pesan 14 gramos.


La potencia de procesado del procesador de Glass es suficiente porque la mayor parte no se produce en tu cara, sino en la nube. Glass se conecta a internet a través de su radio wifi interna o compartiendo la conexión de tu móvil a través de Bluetooth, un proceso que se denomina "tethering". El sonido te llega vía "transductor de conducción ósea" que se aprieta justo encima de la oreja, La conducción ósea ofrece unos bajos y una gama media sorprendentemente buena, pero los agudos son mediocres. Se puede conseguir mejor sonido gracias al auricular mono que se incluye con las gafas y que se conecta al puerto USB, o a través de unos auriculares estéreo (que cuestan unos 85 dólares, unos 62 euros).


La interfaz de usuario se basa en menús activados por la voz y una línea temporal llena de "tarjetas", parecida a la aplicación Google Now disponible para Android e iOS. Navegas por la línea temporal arrastrando el dedo por el touch pad. Cada foto que tomas se adjunta a la línea temporal, así como los titulares del New York Times, las actualizaciones de Google+, los correos electrónicos y avisos de otras aplicaciones "Glassware". También hay un navegador web, pero es prácticamente inútil en una pantalla tan pequeña.

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