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¿Eres emprendedor? Así te puede ayudar un mentor

18/01/2017 12:54
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Recibir consejos profesionales siempre es agradable, pero el emprendedor debe tener claro qué es el mentoring, qué puede esperar, y qué no de su mentor. 

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Desde siempre, todo el que ha puesto en marcha una idea o negocio ha pedido ayuda a alguien con más experiencia. Algo tan sencillo y habitual es la semilla del mentoring, una de las herramientas más útiles que puede utilizar el ‘startapero’ del siglo XXI.

El mentoring es, en definitiva, el asesoramiento que un experto o un grupo de expertos prestan, sin retribución económica ni una relación estrictamente organizada, a un emprendedor o una startup. Una definición bastante abierta, que deja espacio para diferentes tipos de prácticas, y que puede durar desde un puñado de horas hasta meses.  

“Hay mentoring de diferentes temáticas”, explica Marisol Menéndez, Open Innovation Manager en BBVA, “porque cada startup es un ser vivo cuyas necesidades van cambiando según pasa el tiempo. Y tienes que encontrar a la persona adecuada en cada una de esas fases”. El que te puede asesorar con los primeros gastos operativos puede no tener experiencia directa y útil sobre el lanzamiento comercial del producto o servicio.

Recibir ayuda y consejo de alguien con más experiencia siempre es agradable, pero ¿qué es lo motiva a los mentores? “No hay retribución, pero al final siempre hay una posibilidad de negocio: la retribución puede no ser dinero, sino contactos o más experiencia”, explica Menéndez. Los mentores, con un perfil profesional asentado con años y años de trabajo, también necesitan las ideas frescas y la vitalidad que les inyectan los emprendedores. Si alguien se dedica a las fintech, por ejemplo, sabe que las nuevas tendencias del sector no van a ir a verle al despacho, sino que deberá ir a buscarlas a las nuevas compañías.

Otro perfil del mentor es el del business angel que dedica parte de su tiempo a este tipo de labores de tutelaje con el objetivo complementario de encontrar posibles nuevas oportunidades de inversión. No obstante, si su perfil se vuelca excesivamente en esta vertiente, no será de mucha utilidad para el emprendedor.

Campus Madrid, un espacio de Google en el madrileño distrito de Arganzuela, es un escenario frecuente de sesiones de mentoring: en el pasado 2016 celebraron hasta 35 de estas reuniones, que allí se organizan en grupos de diez emprendedores y diez mentores que se reúnen en parejas de dos.

Las sesiones duran dos o tres horas “sentados y remangados”, como recalca Sofía Benjumea, directora del Campus. “Trabajamos con expertos voluntarios de diferentes sectores, y también con empresas que se ofrecen. Por el lado del emprendedor, nos gusta que sea startups que ya tengan cierto recorrido, con algunos problemas que podrían enquistarse”, explica.

‘El mentor ideal es el que escucha'

Para Benjumea, “el mentor ideal es el que escucha, no el que se dedica a hablar y hablar porque es muy experto. Hay que escuchar para detectar el problema de cada empresa: muchas veces ni los fundadores saben cuál es. Y sus recomendaciones deben basarse no no solo en el conocimiento, sino en la experiencia, del éxito y, por supuesto, del fracaso”.

Los emprendedores, por su parte, deben de ser capaces de mostrar las tripas de su negocio, lo que incluye sus aspectos menos vistosos. “Nos hemos encontrado con gente que se dedica a vender al mentor lo bueno que es su producto. No; tienes que contarle lo que no funciona, tus dudas”, enfatiza Benjumea.

En opinión de Menéndez, “todos los errores y malentendidos que se pueden producir en una relación de mentoring se resumen en olvidarse de que es una relación basada en la confianza y la complementariedad: los conocimientos de una parte son complementarios con los de la otra, y cada uno respetar y tener en cuenta su propio espacio”. El objetivo del mentor debe de ser convertirse en alguien prescindible, “y a quién no le gusta ser imprescindible”, cuestiona Marisol Menéndez.

Es difícil establecer una relación algo sólida entre mentor y emprendedor, pero eso tampoco es necesariamente negativo: la startup debe concebir el mentoring como los ruedines de una bicicleta infantil. Un buen mentor es una excelente herramienta temporal para coger confianza y velocidad.

 

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