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David Gascón: “España debe cambiar su modelo educacional para tener mejor profesionales"

25/11/2013 10:30
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Este joven fue galardonado con el premio  MIT Technology ReviewInnovadores menores de 35 por desarrollar sensores remotos empleados para medir la radiación en Fukushima.
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Por Paula de la Torre


El desastre de la Central Nuclear de Fukushima (Japón) el 11 de Marzo de 2011 motivó que el ingeniero David Gascón (Zaragoza, 1982) desarrollara unos sensores capaces no sólo de medir las radiaciones nucleares, sino también de transmitir esta información automáticamente a la nube. Por ello, Gascón fue galardonado con el premio MIT Technology ReviewInnovadores menores de 35 en 2012. Actualmente, la empresa de la que es cofundador, Libelium, está desarrollando un proyecto con esta misma tecnología para medir la radiación solar.

¿En qué consiste su proyecto de sensores de radiación?

En realidad, se trata de dos proyectos distintos basados en la misma tecnología. El primero fue en 2011, cuando ocurrió el desastre de Fukushima (Japón). La aplicación consistía en medir la radiación en las inmediaciones de la central nuclear, con sensores que se pudieran lanzar desde un helicóptero o un vehículo, y que automáticamente reportaran el valor de la radiación. Es decir, que evitaran el peligro que supone para las personas ir a medir al sitio. Este proyecto trataba de hacer accesible la tecnología a la gente. Desarrollamos estos sensores, que eran baratos, y se los regalamos a la gente de allí. En un principio, se trataba de una aportación altruista por parte de una empresa de ingeniería que sabía desarrollar un elemento que permitiera ayudar a la gente a monitorizar esa radiación sin poner en peligro su vida, pero luego se convirtió en una línea de negocio.


Este año estamos utilizando esa misma tecnología para medir el impacto de la radiación solar desde que llega a la tierra, en colaboración con una empresa americana, con la cual ya hemos desarrollado tres sensores.   

¿Cómo ha afectado a su trayectoria profesional haber sido galardonado con el premio MIT Technology Review Innovadores menores de 35?

Lo más importante de este galardón es que te permite formar parte de una familia destacada de gente en cada país. Es un reconocimiento del MIT (EEUU), lo cual para mí es muy importante porque Estados Unidos es nuestro primer país de exportación. Es una forma más de reafirmar a los estadounidenses que trabajaban con nosotros que no son los únicos que apoya nuestro proyecto en su país.  

Usted fundó su primera empresa siendo muy joven, con sólo 24 años. ¿Con qué carencias se encontró en ese momento?

Al montar una empresa, te das cuenta de que, como en muchos aspectos de la vida, se aprende andando. Lo que más me costó, al principio, fue darme cuenta de que no es tan importante la tecnología que tú vendes, como el fin que persigues con ella. Este es el primer error con el que me encontré, vender las cosas per se, cuando en realidad lo que tienes que vender es lo que estás solucionando con ellas.

¿Cree que el Gobierno y las administraciones públicas deberían ayudar a la gente joven a emprender?

Por supuesto, el país que no apueste por la innovación y la tecnología se quedará anclado en la época de los servicios. No hay más que ver el cambio experimentado en países de Sudamérica, como por ejemplo Brasil. Países que han estado centrados en el sector servicios durante muchísimos años y que, recientemente, han hecho una apuesta grandísima en tecnología e inversión en empresas. Estos países se han dado cuenta de que si no cambian la base, que son la educación y la creación de empresas, no van a avanzar.


Lo que le ocurre a España es que le va a costar muchos años salir de la mentalidad que tiene. Primero, porque tiene que cambiar el modelo educacional, y segundo, porque tiene que cambiar también el modelo empresarial. En España, la gente tiene un sentimiento de empleado-obrero en lugar de posicionarse como alguien que tenga la sartén por el mango y decida hacer cosas. La gente en España se siente un poco arrastrada por la marea del mercado, cuando precisamente podría ocurrir como en otros países, que son los que generan esa marea. Por tanto, es algo que va más allá de dar ayudas, es un cambio de mentalidad en el Gobierno.

¿Cómo cambiaría usted este modelo educacional?

A través de la promoción de modelos educativos suficientemente complejos como para que la gente que salga de la universidad se vea en la situación adecuada para emprender un proyecto empresarial. Emprender un proyecto no es más que  dar un valor a la sociedad que luego puedes rentabilizar con los conocimientos que tienes. Pero si tú, como profesional, no crees que con lo que sabes seas capaz de aportar algo a la sociedad, vas a resignarte a estar trabajando para alguien. Hay que facilitar que los trabajadores puedan aportar su conocimiento más allá de las 40 horas semanales. Yo creo que, en primer lugar, esto es un problema de educación. De las universidades tienen que salir profesionales muchísimo más curtidos y con una mentalidad más amplia, sin tanta aversión al miedo y al fracaso de emprender.

¿Crees que se deberían dedicar recursos para la investigación dentro de las empresas?

El mercado se autorregula muy bien. Es decir, si una empresa puede estar sin innovar diez años, puede hacerlo en un país donde no existe una demanda. Hay que adaptarse a cada momento, lo que pasa es que ahora mismo, como el mercado es global y las empresas innovan, la que no innova se muere.