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Bernat Ollé: “Hoy en día la medicina se hace un poco a boleo”

03/06/2014 07:13
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La capacidad de alterar el bioma intestinal para tratar enfermedades autoinmunes le ha valido a Bernat Ollé el reconocimiento como Innovador del Año en los premios ‘MIT Technology Review’ Innovadores menores de 35.

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Por Elvira del Pozo

Bernat Ollé (Reus, 1979) fue reconocido como Innovador del Año en los premios MIT Technology Review Innovadores menores de 35 de España en 2013 por desarrollar una nueva generación de fármacos que actúan sobre el ecosistema microbiano que coloniza el organismo humano, llamado microbioma. Este ingeniero químico afincado en Boston (EEUU) y director de operaciones de la empresa Vedanta Biosciences está convencido de que la capacidad de modificar la flora intestinal podría curar alergias, diarreas e, incluso, cierto tipo de cánceres. 

La medicina genómica y la nanomedicina son campos prometedores dentro del futuro de la salud. ¿Las terapias relacionadas con el microbioma humano están al mismo nivel?
En los próximos cinco o diez años, habrá cuatro o cinco áreas de la salud que tendrán repercusión, y la que actúa sobre el microbioma es una de ellas. Otras son la medicina regenerativa, la basada en células madres, la epigenética y la inmunoterapia del cáncer. En la actualidad, la nanomedicina o la genómica son técnicas que están dando resultados satisfactorios y que ya se aplican.

Esta rama, como el resto de las que compiten por ocupar un hueco en el futuro de la medicina, parece tender hacia un cuidado personalizado, ¿es así?
La medicina va en esta dirección, es inevitable. En nuestro caso concreto, a medida que conozcamos más el significado de la variación biológica entre las personas, podremos afinar en el diagnóstico y en un tratamiento concreto que le sea efectivo a ese paciente en concreto. Hoy en día, la medicina se hace un poco a voleo.

¿La vuestra no? 
Se ha demostrado que varias enfermedades autoinmunes, infecciosas, metabólicas e, incluso, el cáncer, están muy relacionados con alteraciones del microbioma de las paredes intestinales. Lo que estamos intentando hacer es una nueva clase de fármacos que fomenten una flora óptima partiendo de la que tiene realmente cada paciente, por eso es muy importante la fase previa de diagnóstico. En el futuro, con una simple muestra fecal, de la piel y de las mucosas se conocerá la composición de nuestro bioma.

Eso significa que si se consigue cambiar esas bacterias, ¿se pueden curar ciertas enfermedades?
Si, aunque nosotros nos dirigimos sólo a las enfermedades autoinmunes. La cura está demostrada en ciertas colitis, las provocadas por Clostridium difficile –consecuencia del consumo continuado de antibióticos- y la enfermedad de Crohn, y en el colon irritable. En otras dolencias, como alergias y diabetes tipo 1, es probable que sea útil actuar sobre los microorganismos intestinales. En artritis reumatoide, lupus y celiaquía, también parece que incidiendo sobre el microbioma pueden mejorar.

¿En qué se basa este efecto?
Nosotros hicimos un descubrimiento de los que cambian los libros de texto. Demostramos que una rama del sistema inmune en el intestino está regulada por un grupo de microorganismos que viven en él. Éstos funcionan como una vacuna constante que estimula al organismo a estar preparado ante ataques de microbios externos. Demostramos que en los individuos no sanos, la flora no era la adecuada.

¿Qué principios activos tiene el medicamento en el que estáis trabajando?
Suministramos consorcios de microbios que son los que normalmente tiene un intestino sano. El medicamento más avanzado que tenemos combate los dos tipos de colitis que te he comentado. También estamos investigando en otros fármacos para combatir el resto de dolencias relacionadas con el microbioma.

¿Cuándo podremos ver algunos de estos medicamentos en el mercado?
Estamos al final de los ensayos preclínicos. Espero que pronto pueda anunciar los primeros ensayos en humanos.

¿Qué mejora representa este tratamiento frente a los medicamentos existentes?
Los tradicionales están basados en pequeñas moléculas sintéticas, como la aspirina; o en proteínas, como los factores de crecimiento. Las primeras inhiben una encima causante de la enfermedad y, las segundas, bloquean un receptor. Si la enfermedad está realmente gobernada por una conexión tan simple, con estos medicamentos químicos das en la diana y se acaba el problema. Pero, la mayor parte de las enfermedades no son así, son mucho más complejas. 

¿Y vosotros actuáis de una manera más global?
Efectivamente. Nosotros concebimos el organismo como si fuera un jardín: para que todo esté bien, lo importante es controlar la buena proporción de tomateras, lechugas… para que no se molesten entre ellas. Es necesario tomar decisiones como lo haría un ecólogo, no un químico.

Esta concepción del ser humano como un ecosistema vivo, en el que la salud de cada componente garantiza la del todo, ¿te ha hecho ser un poco más ecologista?
Por supuesto. Yo antes de ser ingeniero químico me planteé estudiar ciencias ambientales, así que esto podría ser como volver al estado inicial en mi vida. Creo que los médicos no han pensado en sus pacientes como si fueran un jardín o un ecosistema. Si se les enseñara la importancia del bioma, no recetarían tanto antibiótico, que es algo que tiene que dejar de usarse, al menos, de manera preventiva.