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Trabajar desde casa, adiós a la oficina

28/10/2014 08:47

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Una de las contradicciones que se viven, o sufren a diario en miles de empleos es la "obligatoriedad" de concurrir a la oficina y cumplir un horario. Esta situación es tan nefasta como antigua, y en contra de lo que se piensa, desalienta el cumplimiento de objetivos y mal predispone a muchos.

En principio es necesario desterrar la teoría que, si no se tiene control que el empleado cumple con su horario laboral, no trabajará lo estipulado, es vago o la empresa, le estará regalando el salario, ya que no tiene bajo su órbita lo que hace, o deja de hacer.

La flexibilidad laboral es una de las inyecciones de estimulo más importantes que muchos emprendedores están poniendo en práctica en cientos de pequeñas y medianas empresas para sus empleados.

Esta operatoria, que ha sido progresiva en los últimos años, comenzó con una especie de "flexi-time" que permitía trabajar media jornada los viernes, pero que después se fue profundizando con un cambio en el rol del trabajo, entendiéndose que el cumplimiento de un horario se transformaba en una carga, ya que esta situación contemplaba vestirnos todos los días elegantemente, tener "buena cara" durante la jornada, interactuar con demasiadas personas, y en definitiva, una pérdida de tiempo en el desplazamiento desde casa a la oficina, y la vuelta al final de la jornada.

Por lo tanto, aquellos empleos donde no requiere de una imperiosa necesidad de "hacer acto de presencia" se ha adoptado el trabajo desde casa, y eso no quiere decir que se trabaje menos, al contrario, muchos han encontrado en esa metodología una gimnasia de sus tiempos, maximizando sus obligaciones.

Trabajar desde casa permite:

  • Administrar horarios
  • Clima de distensión laboral
  • Cumplir con objetivos y no con esquemas rígidos de presencia
  • Ganar tiempo con la familia o para recreación sin la necesidad de transportarnos
  • Escoger los horarios donde producimos más, y mejor

A pesar de que ofrece ventajas, aunque también tiene sus contras si no se tiene la suficiente disciplina o no se cuenta con un espacio de tranquilidad en el hogar, el obstáculo más importante siguen siendo las estructuras, antiguas y obsoletas que cuenta el sistema de trabajo en muchas empresas.

Y no tiene que ver con regiones, o países, sino con cada compañía, que en muchas oportunidades se rige con métodos en desuso que no permiten el cambio de esquemas, por miedo a la pérdida del control interno.

Por eso, los jóvenes emprendedores serán los encargados de derribar esos prejuicios, que requieren de la puesta en marcha de otras reglas, más flexibles y que tienen como línea de conducción una interrelación entre empleados y jefes, con proyectos más dinámicos y flexibles, y con objetivos grupales que privilegien el fin, y no los medios, porque en mundo del trabajo actual, una cosa no justifica a la otra, siempre que estemos bajo el paraguas de la ley y las buenas intenciones.