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De Merlín a Tamariz

Carlos Pérez M.

30/06/2015 10:17

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No nos engañemos, a menudo los desarrolladores somos considerados como los magos del siglo XXI, pero nada más lejos de la realidad. ¿Ilusionistas? Quizás, no seré yo quién niegue que generemos expectación y cierto tirón, aunque la verdad, el tirón lo damos nosotros usando cosas que alguien ha hecho antes y que ha tenido a bien compartir con el resto de ilusionistas, como si de un gremio perfectamente orquestado se tratara. Nuestros mejores trucos tienen su base en librerías, plugins, APIs y, en algún caso, SDKs.

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Vamos a intentar explicar esto de una manera sencilla, entendemos por librería una serie de recursos de programación que utilizamos para reducir las líneas de código - ¡importante recordar que un buen desarrollador que se precie trata de escribir lo mínimo posible! -. Entre las librerías más utilizadas -si no la que más- esta la archifamosa jQuery, una especie de abracadabra que nos facilita la vida a la hora de hacer nuestros trucos en la gran mayoría de páginas web. Google, como si fuera el director de Hogwarts, tiene la suya propia, AngularJS, que agiliza, da velocidad y potencia nuestros desarrollos; Panoramix podría exigir royalties a Google, seguro.

Lejos de ser el primo chino de Merlín, un plugin, es un pequeño programa que hace algo concreto y que se puede conectar de un modo más o menos sencillo con mi proyecto. Es decir, si yo quisiera hacer desaparecer el Empire State Building, bajo una manta de seda negra estrellada, podría buscar un plugin que se encargara de fabricarme una manta con tales características. Este plugin seguramente me daría posibilidad de escoger el color, las dimensiones o incluso su estampado. En este sentido todas las tecnologías -escuelas de ilusionismo- tienen sus propios plugins, ¿quién no ha hecho alguna vez un truco de magia sencillo con una baraja de cartas española?

Cuando la cosa se complica, viene a ayudarnos, montada en una gran águila, nuestro Gandalf particular, el API. De sus siglas, Interfaz de Programación de Aplicaciones, un API nos facilita la obtención de una gran cantidad de datos en un formato legible y estructurado para cualquier proyecto web o app. Entre los grandes ejemplos Google Maps, YouTube, Facebook, FourSquare, Tumblr, Instagram o Twitter. Te dan los datos que necesites, bajo un santo y seña especial, utilizando sus APIs. No es casual que las redes sociales cuenten con un API en su haber, al fin y al cabo tienen millones de datos que pueden ser explotados.

A pesar de que muchos consideramos a los SDK como los Reyes Magos de la programación, aquellos no son ni más ni menos que paquetes de herramientas de desarrollo de software (Software Development Kit). O explicado con los ejemplos más famosos, las herramientas que Facebook nos da para desarrollar aplicaciones o programas en tecnologías como Android o JavaScript. Hoy en día los SDKs más utilizados son los de tecnologías móviles como los de iOS o Android.

Y como no podía ser de otro modo, entre los grandes trucos de App For Brands, usamos infinidad de plugins y APIs para diversos proyectos, como son los que utilizamos en Ballantine's, Marca España, E-On o Cruz Roja. También las APIs a discreción en Credito y Caución o Acción Contra el Hambre. Somos de usar SDKs como el de iOS o Android para hacer la aplicación oficial del Fútbol Club Barcelona o la de la Batalla de los Gallos de RedBull. Y en todos ellos, absolutamente en todos, a la hora de entregarlos a nuestros clientes, nos levantamos, adoptamos la posición de un violinista, creyéndonos ser el mago español más carismático y peculiar de todos los tiempos -Juan Tamariz-, decimos en voz alta eso de: "Chiananáaaaaaa".